—Después de que me despidieran —lo corregí con frialdad.
Un silencio denso volvió a llenar el aire.
Mi madre rompió a llorar.
—Nos equivocamos… —dijo entre sollozos—. Pensábamos… que estábamos salvando el honor de la familia… pero en realidad… nos quedamos vacíos.
Apreté los puños.
—No parecían muy vacíos aquella noche —respondí, sintiendo que el viejo dolor volvía a aflorar.
La chica nos miró a ambos, confundida.
—¿Qué pasa? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Por qué nunca me hablaron de ella?
Mi padre bajó la cabeza.
—Porque nos daba vergüenza recordar lo que hicimos.
La joven soltó la mano de mi madre y dio un paso atrás.
—¿La despidieron… estando embarazada? —Su voz se quebró—. ¿De verdad hicieron eso?
Nadie respondió.
Pero el silencio lo decía todo.
La chica me miró entonces, con los ojos llenos de algo diferente… no era juicio, era dolor.
—¿Sobreviviste… sola?
Respiré hondo.
—No solo sobreviví —dije—. Construí todo lo que ves ahora… sin ellos.
Otro silencio se apoderó del lugar.
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Mi madre dio un paso hacia mí, temblando.
—Hija… perdónanos… por favor…