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Terrible noticia… Ha fallecido una verdadera leyenda. Cuando veas quién era, te conmoverás hasta las lágrimas…

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Pero porque importaban.

Fueron importantes para toda una generación.

Fueron importados para la familia.

No era solo alguien que entretenía. Era alguien que, discretamente, transformaba vidas. Una voz que nos guiaba en los momentos difíciles. Una sonrisa que nos resultaba familiar, incluso reconfortante. Una presencia que se ha entrelazado con nuestro día a día: en nuestra infancia, en nuestras celebraciones, en nuestra recuperación.

Algunos de nosotros crecimos con ellos.

Otros, en cambio, apoyamos su labor incluso en las noches más oscuras.

Otros encontramos amor, alegría y felicidad en aquello que cocreamos.

Nos acompañaron en nuestras visitas a los hospitales. En las graduaciones y en los momentos más dolorosos. Entre risas en las tiendas y en tardes solitarias pero gratificantes.

Y ahora… se han ido.

Un legado que nunca se desvanece.

¿Qué convierte a alguien en leyenda?

No son premios.

No son legados.

No se trata del tamaño de una viuda.

Se trata de la creación.
Esta leyenda tenía un don inmenso.

Tenían una forma de hablar, actuar e incluso expresarse que te hacía sentir comprendido. Era como si atravesaran la pantalla, el escenario o la página y dijeran: "Te entiendo".

Y siempre se siente posible. Real. Humano

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