Hay momentos en la vida en que un acontecimiento ocurre exactamente donde ocurrió. Cuando el bullicio del mundo se desvanece en un susurro. Cuando el corazón enmudece antes de que la mente pueda comprender lo que los ojos acaban de presenciar.
Hoy es uno de esos días.
Ha fallecido una verdadera leyenda.
Y cuando te das cuenta de quién es, cuando realmente te impacta, las lágrimas no solo fluyen. Fluyen.
No porque esa persona fuera simplemente famosa. No porque su nombre fuera popular en la televisión o apareciera en las portadas de los periódicos durante unas horas.
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